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Palo o zanahoria

El Palo y la Zanahoria

El Palo y la Zanahoria

Es el eterno dilema a la hora de educar y de modificar los comportamientos. El palo o la zanahoria. El premio o el castigo.

Unos dicen que funciona mejor el palo y otros que la zanahoria. Posiblemente dependa de lo creíble y duro que resulte el palo, lo apetitosa que pueda ser la zanahoria y la forma de ser de quien vaya a recibir uno u otro.

Un ejemplo de este argumento son los sistemas judicial/penitenciarios. Están los sistemas tipo Estados Unidos donde lo que prima es el palo. Se supone que la forma de frenar la delincuencia es el miedo al castigo y por ello las penas suelen ser mas altas, incluyendo la pena capital, y las posibilidades de redención son menores. Otros sistemas, como algunos europeos, tratan de buscar mas la rehabilitación y la reinserción en la sociedad del reo, una zanahoria.

Nadie tiene claro cual funciona mejor, pero una de las conclusiones claras de su aplicación es que ambas, palo o zanahoria, tienen que ser creíbles. Especialmente la primera. Todos los que somos padres hemos sufrido al exagerar los palos (posibles castigos) y tener que volvernos atrás mas tarde. A partir de ese momento es muy complejo lograr que la estrategia del palo funcione.

¿Como hacer un palo creíble?

La respuesta es clara. No importan las palabras, importan los hechos. De ahí que los regímenes totalitarios suelan ser buenos a la hora de generar credibilidad en los palos. Las democracias no tanto. La clave está en tener un comportamiento consistente que no deje lugar a interpretaciones.

Un caso extremo de comportamiento consistente es el del Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte. Duterte fue elegido Presidente hace tres años. Anteriormente, durante 22 años, fue alcalde de la ciudad de Davao donde se le conocía con el alias de “el castigador” por su tolerancia cero con la delincuencia, e incluso, su apoyo expreso a los escuadrones de la muerte y las ejecuciones extrajudiciales en su lucha contra el crimen.

Desde la Presidencia ha seguido esa política que, de hecho, fue una de las razones de su elección, con casi 7 millones de votos de ventaja sobre su inmediato competidor. Ha reinstaurado la pena de muerte por ahorcamiento abolida en 2006 y a pesar de las fuertes críticas de la ONU y otros organismos internacionales sus políticas han conseguido, de acuerdo a sus propios números, reducir la delincuencia en un 49%.

Claramente Duterte es un muy buen ejemplo de palo creíble porque en sus años de gestión siempre ha sido despiadado con los criminales. Lo que no cabe duda es que cuando promete palo, la promesa funciona con los criminales filipinos. Un buen ejemplo es lo que ha sucedido en las últimas semanas tras un error administrativo.

En los últimos meses la justicia filipina liberó por error a 1.914 presos. Se trataba de presos convictos por delitos especialmente graves (violaciones, asesinatos, etc) a los que se les aplicó, de forma incorrecta, una reducción de pena por buena conducta que la legislación filipina no prevé para ese tipo de crímenes, sino para otros de menor gravedad.

Una vez descubierto el error, además de despedir al culpable, el presidente de Filipinas dio un ultimatum a los convictos erróneamente liberados para entregarse antes de una fecha, a partir de la cual prometia ofrecer una recompensa de casi 20.000 dólares por barba para que fueran capturados vivos o muertos, añadiendo que él los prefería muertos.

Cumplida la fecha se habían entregado voluntariamente 2.139 expresidiarios, 225 más de los buscados. Parece evidente que el palo de Duterte era creíble.

Para que no piensen que había una zanahoria de por medio les dejo esta foto de una cárcel filipina.

Palo o zanahoria

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